martes, 4 de agosto de 2009

BLANCAS PALOMITAS - LA IMAGEN QUE PROPONGO PARA REPRESENTAR A LOS NIÑOS DE BARILOCHE


FOTO: TANA BARTOLICHE


Los que tienen más de 30 recordarán al portero de Señorita maestra llamando a las "blancas palomitas".-

Esta imagen fresca, única, bella hasta su esencia, no sólo en la dinámica de los niños corriendo hacia el espectador, me resulta de un virtuosismo único.


Porque más alla de cumplir el mandato del maestro Cartier Bresson y captar "el instante decisivo", nos está diciendo demasiado, y más en estos días, y más en Bariloche.


Los niños disfrutando su recreo, su infancia, sus momentos de placidez, de juego.

Todo lo que luego los adultos han de perder.


Bariloche merece cultura y merece niñez porque si a la niñez la empañamos con lo que sea (trabajo infantil, maltrato infantil, pornografía infantil, prostitución infantil, falta de educación, falta de acceso de los niños a las necesidades básicas) la niñez se les pierde, y no les vuelve más.-


Hagamos cada uno, algo por un niño que lo necesite.

Por poquito que sea, que va a sumar. Seguro.-

2 comentarios:

  1. Infamia

    El domingo es el Día del Niño, celebración comercial de la infancia y pretexto acostumbrado para desplegar una demagogia sentimental irrelevante. Una simple lectura de los datos que difunden organizaciones preocupadas por la niñez es más que suficiente para dejar de lado la sonrisa...

    La pornografía infantil es algo que se repudia, pero no se condena, y es un próspero negocio que no tiene los días contados. El primer mundo y el subdesarrollo se ponen de acuerdo para ultrajar cuerpos vulnerables, almas desgarradas en el viento del desamparo; luego sólo quedan las lágrimas de la hipocresía frente a un conmovedor ensayo fotográfico, frente a un poema sensible, o después de oír una frase acertada sobre un drama que sigue su curso arrebatador hacia el espanto cada vez más espantado.

    El trabajo infantil es cosa de todos los días, algo natural como el amanecer y la corrupción interna de los grandes partidos políticos y de las religiones institucionalizadas, esa vulgar industria de la fe que muchas veces parece una máquina de generar y proteger abusadores.

    El maltrato familiar que sufren muchos chicos pasa, es cuestión de asomarse a la calle y verlo, en el barrio que se nos ocurra, sin distinción de posiciones económicas. Una trompada en la cara, o en la boca del estómago, impone mucho más que un silencio desolador después de un llanto sin consuelo.

    Los padres ausentes, las familias desarticuladas, la violencia en las calles, la impune risa de los agresores que sí tienen el amparo de la justicia, y la insípida propaganda de la ternura reflejando una realidad a medida de la ceguera, confluyen cuando la consciencia colectiva recorre calles con pancartas y consignas que pronto se olvidan, una moda pasajera que consiste en jugar un deleznable papel de adultos comprometidos e indignados.

    Ante tanto despropósito, ante tanta violencia naturalizada y ensañada con la fragilidad de los chicos, pareciera que no nos queda más remedio que refugiarnos en la impotencia, elegante forma de la cobardía que nos hace víctimas de una situación que también nos encuentra indudablemente responsables.

    Hay mucho por hacer. Por dónde empezar se ha vuelto dramático porque se perdió demasiado tiempo en el frenético arte de mirar a otra parte, práctica cruel de la indiferencia, exaltación del egoísmo y todo su despliegue de autodestrucción idolatrada.

    Las palabras no tienen sentido, desvarían, intentan decir algo que no se puede decir, elevar un grito que no se puede gritar. Queda la consciencia intranquila o el dulce opio del olvido, la desmemoria y su promesa de serenidad en un mundo imposible donde “no pasa nada”.

    La tristeza, el dolor más profundo, el abandono y la muerte son marcas indelebles en la infancia, esa que merece, por un día, los regalos de un Mercado que nos desprecia como si no fuéramos sus artífices...

    Este domingo, sin embargo, habrá cerca de nosotros alguna sonrisa, o algún llanto secreto en el misterio de un rostro endurecido en la desintegración de la inocencia, habrá una excusa para recordar que la niñez es otra cosa y no una celebración anual anclada en un almanaque que necesita vender porquerías. Este domingo habrá una nena, un bebé, un sobrino, un ahijado que buscarán, sin saberlo, un abrazo que siempre les hace falta y muchos nunca recibieron.

    Juan Pablo Melizza

    ResponderEliminar
  2. Esa fotografía es preciosa. No podemos permitir que nuestros niños sean destruidos. Está todo dicho por Juan Pablo. Una o dos generaciones perdidas, nuestra Argentina sin futuro. ¡Acción inmediata!
    Vivo en Bs. As. ahora, pero soy del Alto Valle de Río Negro. Me crié allí, un paraíso en aquel entonces. Asistí a una escuelita rural llamada "4 esquinas". Mis recuerdos son hermosos, mucho mejores de los que tengo del cole al cual me mandaron después de los 10 años. ¡Maestras dedicadas, compañeritos inolvidables!
    Mi hija vive en Bariloche y trabaja con niños en riesgo desde hace años. Pero es una lucha desigual contra los poderes de la droga, la prostitución infantil...bueno, ya se dijo todo más arriba.
    Los invito a visitar mi blogspot. Soy poeta y hallarán poesías sobre la Patagonia. www.poemaspatagonicos.blogspot.com
    Pienso agregar más esta semana, específicamente sobre la Patagonia.
    Ya los sigo con Google. ¡Felicitaciones y ánimo!

    ResponderEliminar